viernes, 22 de abril de 2022

Capítulo 4: conscientemente viva

     

[Branden: la autoestima es la convicción de que uno es competente para vivir y valioso para estar vivo]


        Me estoy aficionando a la lectura; supongo que es lo que tiene carecer de vida social, que empiezas a buscar desesperadamente formas de pasar las horas muertas y no sentirte una inútil por no saber qué hacer cuando no hay nada que apetezca. He pensado más aficiones pero, aún siendo algunas bastante apetecibles, incluso proporcionando incentivos, no me crean intención alguna de empezarlas.


        Es curioso. Muchas veces digo no sentir placer o lucir como sin sentimientos pero, ¿y si de lo que carezco es de la motivación intrínseca necesaria, mismo para entender mi autoconcepto? ¿Y si me baso en descripciones triviales hacia mi persona que no me identifican pero me ayudan a creer que sí?


        No sé. Estoy en esos momentos donde nada tiene más valor que nada y a su vez todo carece de él. Esos momentos en que quieres olvidar esa sensación de perdida de tiempo en asuntos no importantes y centrarte en cosas que sí lucen importantes. Pero qué es importante y qué no, pregunta obvia según todo lo que escribo. Ignorar que, por ser un ser social, que a algunos tan fascinante les parece, yo me vuelvo cada día más solitaria y ausente con estas preocupaciones a mi mente...


        Ahora mismo sólo escribo frases. Ya no tiene sentido decir qué siento a la gente o intentar contar una historia repleta de suspense. Me esforcé y fallé, así que ya sea por cobarde o inteligente prefiero aislarme durante un tiempo y no volver a caer ese juego absurdo de conectar con alguien y acabar necesitando de su mismo aire.


    Autoestima segura o frágil, auténtica o divergente... no estoy segura en qué punto estoy actualmente pero sí en cuál me gustaría estar en los próximos meses. No sobrevalorarme, pues eso también conlleva al daño cuando viene un fracaso, sino aceptar mis más y menos haciendo que los primeros de estos le quiten valor al resto.


    Soy quién soy. Lo asumí. Sé que vivo, porque respiro, y sé que respiro porque oigo mis suspiros y quejidos. No necesito ignorarme, no debo hacerlo y mucho menos por nadie. Empiezo siempre escribiendo triste y la rabia que guardan mis frases hacen que me vuelva arisca y contenta: porque soy distinta, lo dicen mis letras.

martes, 19 de abril de 2022

Capítulo 3: ¿qué siento?

 

    [Te vas; todo lo que envuelve a tu persona, aún cerca de mí por un breve tiempo más, empieza a semejar un simple recuerdo; no me gusta recordar. Me hace sentir estúpida, ilusa, confusa... con una morriña tan punzante y aguda que me marea; la confusión de si estás o no se convierte en negación. Me hallo, a cada hora más ansiosa y a cada minuto más llorona. Tal vez no sé expresar qué siento, tal vez nunca fuese bueno.]

    

    Me despierto. La sensación de haber dormido bien pero no suficiente me inunda. No quiero perder la posición horizontal de mi cuerpo, estar estirada y a la vez contraída buscando la mejor postura para estar un rato más en silencio, a oscuras... En mi habitación nadie perturba mi cordura, nadie entra sin mi permiso, sólo estoy yo pensando en como ojalá mi cabeza tuviese también una puerta física a la que sólo yo tuviese acceso.


    El desamor, comparado con una droga que necesita su propio periodo de abstinencia, o dolor intenso y profundo sin daño fisiológico aparente, no tiene forma sana en la que existir; nace de la tristeza, la mantiene durante un tiempo y, cuando ya te dañe suficiente, se va. Aún presente a largo plazo, no siempre duele igual; a veces me impide dar pasos sin llorar, otras intento verlo como un reto que afrontar.


    Se agrupan en nuestra mente planteaciones, conscientes e inconscientes, basadas en si merece la pena querer de nuevo o no volver a ser querido, a base de indefensión aprendida. Creo no ser yo la culpable del daño pero es inevitable sentirse de vez en cuando el motivo que lo provoca; un estímulo aparentamente neutro que no sé manejar y acabo viendo como negativo. Quizás darle nombre y sentido a todo lo que me rodea es lo que lo hace tan dañino.


    De todas formas, personalmente, creo haber cogido cierto gusto a los sentimientos negativos, siendo sus contrarios apenas perceptibles en mí misma. No porque me gusten, o eso creo, sino porque suponen reflexiones y selección de estrategias distintas enfocadas hacia el futuro; me permiten saber qué quiero y qué no, dónde pongo los límites y dónde puedo relajarme. Dónde saber gritar que ya basta por no sentirme valorada y a qué dedicar esfuerzos pues la recompensa en un tiempo será la adecuada.


    No puedo esperarte y tampoco cambiarte; creo que nunca lo he pretendido, pues siempre fui consciente de nuestros mundos distintos. Querer y ser querido debería ir unido pues, ¿no es el peor de los martirios el saber que no es correspondido? Llevo días escribiendo sin sentido para ponerle fin a este romance idílico que consideraba real, pero no lo ha sido. En mi cabeza siempre será bonito, en la tuya ni existo.