[Branden: la autoestima es la convicción de que uno es competente para vivir y valioso para estar vivo]
Me estoy aficionando a la lectura; supongo que es lo que tiene carecer de vida social, que empiezas a buscar desesperadamente formas de pasar las horas muertas y no sentirte una inútil por no saber qué hacer cuando no hay nada que apetezca. He pensado más aficiones pero, aún siendo algunas bastante apetecibles, incluso proporcionando incentivos, no me crean intención alguna de empezarlas.
Es curioso. Muchas veces digo no sentir placer o lucir como sin sentimientos pero, ¿y si de lo que carezco es de la motivación intrínseca necesaria, mismo para entender mi autoconcepto? ¿Y si me baso en descripciones triviales hacia mi persona que no me identifican pero me ayudan a creer que sí?
No sé. Estoy en esos momentos donde nada tiene más valor que nada y a su vez todo carece de él. Esos momentos en que quieres olvidar esa sensación de perdida de tiempo en asuntos no importantes y centrarte en cosas que sí lucen importantes. Pero qué es importante y qué no, pregunta obvia según todo lo que escribo. Ignorar que, por ser un ser social, que a algunos tan fascinante les parece, yo me vuelvo cada día más solitaria y ausente con estas preocupaciones a mi mente...
Ahora mismo sólo escribo frases. Ya no tiene sentido decir qué siento a la gente o intentar contar una historia repleta de suspense. Me esforcé y fallé, así que ya sea por cobarde o inteligente prefiero aislarme durante un tiempo y no volver a caer ese juego absurdo de conectar con alguien y acabar necesitando de su mismo aire.
Autoestima segura o frágil, auténtica o divergente... no estoy segura en qué punto estoy actualmente pero sí en cuál me gustaría estar en los próximos meses. No sobrevalorarme, pues eso también conlleva al daño cuando viene un fracaso, sino aceptar mis más y menos haciendo que los primeros de estos le quiten valor al resto.
Soy quién soy. Lo asumí. Sé que vivo, porque respiro, y sé que respiro porque oigo mis suspiros y quejidos. No necesito ignorarme, no debo hacerlo y mucho menos por nadie. Empiezo siempre escribiendo triste y la rabia que guardan mis frases hacen que me vuelva arisca y contenta: porque soy distinta, lo dicen mis letras.