miércoles, 16 de septiembre de 2026

Capítulo 11 - un final feliz

  Es curioso. Muchas veces pienso en la absurdez del universo. Como que existamos, y para poder sobrevivir necesitemos juntarnos. Aunque seamos seres individuales, precisamos de un semejante al lado. ¿Es por tanto, esa necesidad obsesiva de ciertos cercanos, una simple cuestión de supervivencia? ¿Mi existencia será más corta por preferir, en ciertos momentos, estar sola? 

  No es que me considere una persona solitaria. Mis amistades saben lo que daría por ellas aquí y en otras vidas, o al menos intento que lo sepan para evitar tener que despedirlas. Guardo lo que tengo, queriendo con todo mi corazón que muchas lleguen a lo eterno. Aunque a veces se den la vuelta y no vuelva a ver sus rostros, aprendí que no se fuerza lo que no sale de uno solo.

  Y, con todos mis pros y contras, me rodea gente fascinante. He pasado ya, a pesar de mi corta estancia en este mundo terrenal, por distintas fases de la realidad; y en todas me he llevado a personas sin las que creo no poder estar. El presente es mi destino, yo misma lo decido. Tengo en mis manos el poder de cambiar lo que no quiero, aunque no es tan sencillo, supongo que por eso aún conservo lo que no debo. Aprendo, porque tiene su punto bueno, y me quiero, tratando de decírmelo a diario frente al espejo.

  ¿Tiene sentido? Tampoco el hecho de la existencia del Oxígeno. O tal vez sí, porque habrá quien crea que todo está en su sitio y que la única lógica de la que se puede dudar es de lo sentimientos, por todo lo irracional que pueden conllevar: saltos, llantos, rabia, risas, malestar, cansancio, felicidad; una mezcla de sensaciones que más que calmar, enloquecen; que más que aliviar, entristecen.

  Por ello el hecho de necesitar de otros para sentirse pleno. Hay relaciones destinadas al fracaso; relaciones que vienen y nunca llegan a marcharse. Relaciones bonitas, y relaciones totalmente destructivas. La cuestión, más que denominar a cada una por su nombre, debería ser obtener la solución de cuál de ellas es la que merezco tener.

  ¿Acaso creo que siempre me deben ser otorgadas las buenas? Por eso del karma, las buenas acciones, el "no hagas lo que no quieras recibir". Patrañas, sandeces, sinsentidos que me digo para mantenerme en constancia con no perder la compostura. ¿Seremos lo que somos, por miedo a no ser lo contrario? La idea da vueltas en mi cabeza. En textos viejos ya se lee como siempre presumí de serme sincera. Y, ahora, envuelta en una vida en stand by, a la deriva, me pregunto si he llegado a la cima o si queda subida todavía.

  ¿Debería seguir siendo lo que soy? O, por contra, ¿debería cambiar para remodelarme? El silencio no contesta, el mundo ya no me dice nada, aunque sigue habiendo momentos en que no calla. Solo quedan reflexiones y conclusiones, oraciones llenas de miedo y verdades que no siempre saben a bueno, pero las agradezco. Me quedo yo misma, me queda quien me rodea; puedo decir que estoy bien, por lo que esto será un final feliz.